miércoles, 7 de mayo de 2008

Un soneto del siglo XVIII


A menudo he oído comentarios negativos sobre la creación literaria del siglo XVIII: "Es una literatura fría", se dice. Para desconsuelo de los que así piensan, la realidad dista de ser como ellos creen. Solo hay que acercarse sin prejuicios a las obras de esa época y conocerlas. Y para botón de muestra, presento hoy un soneto de un autor neoclásico que hogaño duerme el sueño de los justos: José Somoza (1781-1852), abulense de Piedrahíta, ciudad en la que residió casi toda su vida, y amigo íntimo de Jovellanos, Meléndez Valdés y Goya. El poema se titula La durmiente, y lo he seleccionado porque ofrece claras analogías, como veremos, con el anterior comentario sobre Endimión y Selene:


La luna mientras duermes te acompaña,
tiende su luz por tu cabello y frente,
va del semblante al cuello, y lentamente
cumbres y valles de tu seno baña.

Yo, Lesbia, que al umbral de tu cabaña
hoy velo, lloro y ruego inútilmente,
el curso de la luna refulgente,
dichoso he de seguir o amor me engaña.

He de entrar cual la luna en tu aposento,
cual ella al lienzo en que tu faz reposa,
y cual ella a tus labios acercarme;

cual ella respirar tu dulce aliento,
y cual el disco de la casta diosa,
puro, trémulo, mudo, retirarme.

Flaming June, Frederic Lord Leighton (1895)


El poeta nos dice cómo pretende en esta noche acercarse a la mujer cuyo cuerpo, durmiente ahora, desea gozar: seguirá el curso de la luna hasta su lecho. El primer cuarteto nos muestra la descripción del paso de los rayos de luna que cubren de luz el semblante y el cuerpo de la amada, en una gradatio que, desde el cabello y frente, alcanza las cumbres y valles de tu seno.

El segundo cuarteto da comienzo con una brusco cambio de perspectiva: el poeta, haciendo uso ahora de la primera persona, se contrapone a la amada, a la que otorga un sobrenombre, Lesbia, muy al gusto de los poetas neoclásicos, que seguían en esto a Catulo y a los neotéricos de la Antigua Roma. Los ecos clásicos no terminan aquí: nos aguardan igualmente en el horacianismo del verso 5: al umbral de tu cabaña. La desolación en la que está instalado el poeta le mueve a tomar una decisión que podrá poner fin a su cautiverio de amor: ha decidido seguir el curso de la luna hasta dar con las cumbres de la bella.

Los tercetos proponen un ritmo trepidante, alejado de la mesura rítmica que el autor había desplegado hasta este momento. La irrupción en el espacio privado de la mujer (en tu aposento) es descrita mediante anáforas (cual la luna (...) cual ella), nuevas resonancias clásicas (el disco de la casta diosa) y enumeraciones (puro, trémulo, mudo). El extraordinario verso final quiebra las expectativas del lector y nos retrotrae de nuevo a la desolada situación inicial.


Cimón e Ifigenia, Frederic Lord Leighton (1884)

La métrica acompaña con precisión el contenido del texto. Hay, pues, correlación entre fondo y forma. Los endecasílabos que describen el cuerpo de la mujer en el cuarteto inicial (vv. 2-4) son sáficos, y se contraponen a los endecasílabos heroicos del segundo cuarteto, que detalla las cuitas del poeta. Es sabido que los endecasílabos sáficos conceden una mayor dulzura rítmica al verso, frente al carácter más abrupto de los heroicos, y esto es justo lo que conviene al soneto. Pero no terminan aquí las excelencias métricas: los dos tercetos finales están compuestos en endecasílabos sáficos y melódicos, excepto uno, y no por casualidad: el v. 12 (cual ella respirar tu dulce aliento) tiene lugar justo cuando se produce la detención del poeta en su camino hacia Lesbia.

Hablé antes de las analogías de este soneto con el mito de Endimión y Selene. Veámoslo. La Luna, claro símbolo femenino, impulsa al autor a traspasar la puerta de su amada; es propio del Romanticismo, aquí incipiente, que la naturaleza o el cosmos acompañen el sentimiento del poeta. En el mito de Endimión, la Luna busca a su amado; en este soneto, es la Luna la que lleva al poeta de la mano hasta el umbral de Lesbia.

El despertar de Adonis, John William Waterhouse (1900)


6 comentarios:

Anónimo dijo...

Es asombroso todo lo que puede aprenderse con tu blog. Es magnífico!! Continúa!!

Anónimo dijo...

Excelente el análisis literario, óptima la relación con el mito de Endimión y Selene y estupenda la selección de las imágenes prerrafaélicas. Efectivamente hay que revitalizar el XVIII literario, también en América.

ÉBOLI dijo...

Como siempre que entro en tu blog: GENIAL Y DIDÁCTICO. Pon algo de Hidelgarda, porque es interesantísima su trayectoria y su obra para darla a conocer. También podrías atreverte con analizar algo de un poeta de la música: Bob Dylan. Enhorabuana.

Rafael Benítez Parrado dijo...

Rosa, gracias por tu amable comentario. Con palabras como las tuyas me animas a continuar con esto. Gracias, de veras.

ÉBOLI dijo...

Rafael, mira en los blogs de las crónicas y las malas, que he puesto enlaces al tuyo, y mira tu correo electrónica que te puse uno el otro día. Saludos.

Anónimo dijo...

Rafadel, en verdad, es asombrosa la calidad pictórica y su entreverada relación literaria. Magnífico, magnífico...