lunes, 26 de mayo de 2008

Una etimología poco conocida: piropo.

Pocos imaginan la compleja evolución que puede encerrar una palabra tan usual como piropo. Este vocablo, lejos de haber permanecido inmutable a lo largo de su historia léxica, ha vivido diversas transformaciones que quiero presentar hoy.

Su acepción moderna (requiebro o galantería dicha a una mujer atractiva) solo es recogida en el Diccionario de la Real Academia en su versión de 1843. Sin embargo, hay testimonios literarios de que se usaba con el actual valor semántico desde inicios, al menos, del siglo XVII. Antes de ese siglo significaba solo rubí o granate de color rojo intenso, es decir, tenía un valor estrictamente mineralógico. ¿Cómo se operó este cambio semántico en el siglo XVII? Muy fácil. En el Siglo de Oro abundaban los tratados retóricos, y en ellos era frecuente otorgar al piropo (= piedra preciosa) una analogía simbólica con lo brillante y bello. Dar el salto desde ahí hasta el valor que hoy conocemos no resultó difícil.

Dolce far niente, John William Godward (1904)

Pero hay más: piropo es un cultismo procedente de la voz latina PYROPUS. Esto quiere decir que no es una palabra patrimonial del idioma, sino que fue introducida posteriormente respetando el étimo latino. En efecto, el siglo XV, periodo destacado en la historia de nuestra lengua por su recuperación del legado latinizante tanto a nivel léxico como sintáctico, retomó el latín PYROPUS en su forma castellanizada piropo. El Marqués de Santillana, hacia 1440, ya emplea el nuevo término.

En la Antigua Roma PYROPUS tenía dos valores semánticos: el habitual en la calle (aleación de cobre y oro), y el originario (de color rojo brillante), que lo emparentaba directamente con la voz griega, pyropós, de la que procedía. Podemos concluir por tanto que PYROPUS es un helenismo del latín, un préstamo lingüístico tomado del griego probablemente a partir de finales del siglo III a. C. (toma de Tarento), que es el momento en que los romanos comenzaron a acercarse a fondo a la cultura griega.

Noonday Rest, John William Godward (1910)

Podemos avanzar algo más. El griego pyropós (semejante al fuego, de color encendido) no era una palabra primitiva, sino compuesta: era el resultado de sumar dos suntativos: pyr (fuego) y ops (aspecto).

Nuestro viaje atrás en el tiempo nos permite dar un paso más: enlazar con la remota lengua indoeuropea hablada en las llanuras de Europa oriental hace más de cuatro mil años. De este modo sabemos que el griego pyr, como el inglés fire y el antiguo alto alemán fiur, descienden de una única voz indoeuropea: PUR, que es como denominaban al fuego nuestros remotos antepasados de las estepas.


2 comentarios:

Anónimo dijo...

Enhorabuena por el blog.
En cuanto a este artículo, me resulta de lo más curioso. Aunque soy de ciencias siempre me ha llamado la atención la etimología de las palabras y la de ésta me ha sorprendido.
Gracias por poner el enlace y ánimo con ello.
Aretes

Leo dijo...

WOW! Tu blog es fantastico! Muy bonito, muy bien trabajo! Yo tengo un blog tambien, www.trierer.blogg.se. Dice que te opinas!