Dice el texto romance:
Cono aiutorio de nuestro dueno dueno Christo, dueno salbatore, qual dueno get ena honore et qual duenno tienet ela mandatione cono patre cono spiritu sancto enos sieculos delo sieculos. Facanos Deus Omnipotes tal serbitio fere ke denante ela sua face gaudioso segamus. Amen.
Y en español actual:
Con la ayuda de nuestro Señor Cristo, Dueño Salvador, Señor que está en el honor y que tiene el mandato con el Padre y con el Espíritu Santo por los siglos de los siglos, permítanos Dios omnipotente hacer tal servicio que delante de su faz seamos gozosos. Amén.

Texto de las Glosas Emilianenses
Pero, ¿de qué lengua romance se trata? Desde luego que no castellano, como siempre nos han dicho. Examinemos en primer lugar la cronología del texto: estamos a finales del siglo X (interpretación tradicional) o a inicios del siglo XI (fecha más aceptada actualmente). En ambos casos el territorio riojano y el monasterio de San Millán pertenecían al Reino de Navarra, que en estos momentos alcanzaba su cenit histórico con la regia figura de Sancho III el Mayor, monarca que no solo había sojuzgado eficazmente a los incipientes condados de Castilla y Aragón sino que además disfrutaba en esas fechas de una supremacía sobre toda la España cristiana. Hacia 1030 incluso se le temía desde Córdoba, donde languidecía el Califato. ¿Qué lengua se hablaba entonces en ese Reino de Navarra que vio nacer las Glosas? El latín era la lengua de la cancillería, como en toda la Europa Cristiana, pero desde luego no era conocida por el pueblo; este hablaba su particular romance: el navarro-aragonés, que aún hoy día sobrevive milagrosamente en los valles oscenses de Ansó y Hecho. La Rioja, por tanto, caía plenamente dentro del dominio lingüístico navarro-aragonés en el momento de redacción de las Glosas. Pero hay más: las tierras riojanas siguieron siendo navarras hasta 1076, cuando Alfonso VI de Castilla ocupó La Rioja e inició así el subsiguiente proceso de castellanización (felizmente completado en el siglo XIII, cuando Berceo escribe sus obras).
Si por otro lado efectuamos un somero análisis lingüístico de las Glosas, veremos que cuentan con multitud de términos que son inexistentes en el castellano primitivo (las contracciones "cono", "ena", "ela", "enos"; la forma verbal "get" -procedente del latín EST-) y sí presentes en el navarro-aragonés.

Vista de Burgos, capital del condado medieval de Castilla
¿Adónde hay que ir entonces para encontrar el primer texto en castellano? Obras como la Fazienda de Ultramar y el Poema de Mio Cid, antaño circunscritas al siglo XII, ofrecen, tras un análisis filológico detenido, un estado de lengua mucho más próximo a los usos lingüísticos de la primera mitad del siglo XIII. Un texto más antiguo, con la sintaxis y léxico genuinos de nuestra lengua y sin interferencias del aragonés o leonés, lo encontramos en las Paces de Cabreros (1206), acordadas entre Alfonso VIII de Castilla y Alfonso IX de León. Pero podemos ir algo más atrás: la Disputa del alma y del cuerpo, poema alegórico de filiación francesa, es datado actualmente hacia 1180. Este poema inaugura el conjunto de poemas de debates tan característicos del siglo XIII. Nos queda, por último, el Auto de los Reyes Magos, de la segunda mitad del siglo XII, y probablemente anterior a la Disputa. Las teorías (Rafael Lapesa) que antaño lo vinculaban a un autor mozárabe, gascón o catalán van dejando paso a los que piensan que se trata de un texto castellano de origen tal vez riojano (y no así foráneo) cuyas peculiaridades gráficas serían explicables por la vacilación ortográfica ante la fijación del romance escrito. No podemos olvidar, en todo caso, que tenemos castellano desde el siglo IX (la conformación del castellano tiene lugar entre los siglos IX-XI) y, aunque no haya textos castellanos previos al Auto o a la Disputa, sí tenemos multitud de voces castellanas sueltas que se deslizan en los textos jurídicos latinos. El escriba utilizaba un latín formulario pero se le descolgaban, involuntariamente, voces romances castellanas.

Catedral de Burgos
Textos conocidos de antiguo, pero recientemente puestos en valor, como los Cartularios de Valpuesta, remontan en algunas ocasiones al siglo IX, y cuentan con numerosas voces inequívocamente castellanas dentro de un texto formalmente latino. Estos Cartularios caen dentro de la reducida Castilla condal de inicios del siglo IX: la franja delimitada por la Peña de Amaya, Oña, La Losa y el valle de Mena, actual zona norte de la provincia de Burgos y VERDADERA cuna del castellano.
Entrada de Roger de Flor en Constantinopla, José Moreno Carbonero (1888)
3 comentarios:
Muchas gracias por haber vuelto a empezar con el blog! Y enhorabuena por tus siempre excelentes comentarios. Ya llevaba una buena temporada mi marcador acumulando polvo y ha sido una sorpresa encontrártelo actualizado. Espero poder leer mucho más de aquí.
un saludo.
Gracias, Paco, por tu amable comentario. Pues sí, he vuelto, y espero darle una mayor continuidad al blog desde ahora. Saludos.
Enhorabuena por la cuidada factura de tu blog y por la excelencia de tu pensamiento, Rafa. Es una alegría tenerte de compañero en Posadas. Espero, de corazón, seguir aprendiendo de ti. ¡Un abrazo y adelante!
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