domingo, 22 de marzo de 2009

¿Quién fue el último filósofo pagano de la Antigüedad?

A veces me he preguntado quién pudo ser el último filósofo pagano del mundo antiguo. No es una pregunta fácil de contestar, pero veamos adónde pueden guiarnos nuestras pesquisas.


El Tepidario, Théodore Chassériau (1853)

Mucho tiempo después de la aparición de los últimos grandes sistemas filosóficos de la Antigüedad (Neoplatonismo y Neopitagorismo) y en fecha posterior a la caída del Imperio Romano de Occidente (476), encontramos algunos filósofos paganos que se esmeran en conservar la llama de la filosofía griega en un mundo ya decadentemente cristiano y desde luego hostil a sus especulaciones intelectuales.

The Tambourine Girl, John William Godward (1906)


En un primer momento podemos pensar en Boecio (480-524) y Casiodoro (485-580), destacados escritores de la Italia ostrogoda, pero si nos adentramos en su creación literaria veremos que son más unos compiladores del vastísimo legado clásico que dueños de un original sistema de pensamiento. La labor de transmisión que llevaron a cabo resultó esencial para fundamentar los pilares culturales de la Europa de la Alta Edad Media (pensemos en un Beda el Venerable o en un San Isidoro). Boecio tiene, no obstante, una singular obrita (De consolatione philosophiae) que escribió en la cárcel antes de ser ejecutado por disentir del poder político del momento y que aún guarda cierto interés para el lector de hoy. Nos enseña a conservar la dignidad y la calma ante la adversidad. Pero al margen de sus obras de creación, Boecio y Casiodoro son cristianos, por lo que quedarían excluidos de nuestra particular búsqueda.

Sacerdotisa, John William Godward (1894)


Vayamos a la Escuela de Atenas, uno de los últimos baluartes del mundo clásico. Sabemos que en 529 el emperador bizantino Justiniano decretó el cierre de la célebre Academia fundada por Platón y que había sido uno de los grandes centros de enseñanza de la Antigüedad (Séneca y Adriano, sin ir más lejos, pasaron por allí). Sabemos que los desolados filósofos, acaudillados por Simplicio (490-560) y Damascio (458-538) decidieron cruzar la frontera con Persia y procurar trasladar la filosofía a la corte persa de Cosroes II. Pero resultó un fracaso. Ni Persia tenía tradición filosófica ni Cosroes II entendió bien su proyecto. El caso es que en 532 regresaron al imperio bizantino sin tener permiso alguno, naturalmente, para continuar con la enseñanza de la filosofía. Damascio murió en 538 y Simplicio en 560, por lo que nos vemos tentados a otorgar estos tristes laureles de último filósofo pagano a Simplicio.


El aseo, John William Godward (1900)


Pero resulta que no. Que todavía podemos ir más lejos. Más al sur, en un Egipto siempre rebelde a las imposiciones de Constantinopla (recordemos la herejía monofisita) se mantenía, ahora sí, el último vestigio de la cultura pagana. Presten atención. La Escuela neoplatónica de Alejandría, heredera del clima intelectual de la Biblioteca de la ciudad homónima, y que había dado al mundo figuras tan egregias como Hipatia de Alejandría, mujer, científica y filósofa, languidecía. En un ambiente de creciente intolerancia por parte de los cristianos alejandrinos y años después del cierre de la Escuela de Atenas (529), en abierto desafío a las leyes que prohibían la enseñanza de la filosofía, nos encontramos a Olimpiodoro el Joven (495-570) (sí, búsquenlo en el Google) que tuvo la valentía de enseñar la doctrina neoplatónica hasta su muerte, cuando la Escuela pasó definitivamente a manos de los cristianos aristotélicos. Olimpiodoro el Joven es, por tanto, nuestro hombre: a él le corresponde con toda justicia el triste honor de ser el último filósofo pagano de la Antigüedad.

La hoja, Elizabeth Stanhope Forbes